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La obra de René Lourau

Cristián Varela

 

Posfacio de la 1ra edición de Libertad de Movimientos, de René Lourau, editado por Eudeba en el año 2000.

 

Institución e implicación son los conceptos principales del legado teórico de René Lourau. El desarrollo de cada uno de ellos traza un arco en cuyo recorrido se ubican como momentos puntuales los textos que alumbra. Sólo momentos puntuales, claves o dovelas, pues a pesar del peso propio que poseen, más allá de la vida autónoma que cobran, los libros –y esto Lourau lo tiene presente– no son el autor, la acción del autor, su obra, su pensamiento..., no son metáfora del autor, sino mediatizada por la institución editorial.

 

La construcción del concepto de institución –la institución como concepto- atraviesa el primer tramo de su producción escrita, que va desde L’instituant contre l’institué (1969) (Lo instituido contra lo instituyente) cuyo título remite rápido al año de su edición, siguiente al del “mayo francés”,  hastaL’analyseur Lip (1974) (El analizador Lip) que trata sobre la larga huelga en esa fábrica de relojes, en cuyo transcurso los operarios la autogestionan en defensa de la fuente de trabajo. En este primer tramo se destacan dos textos: El análisis institucional (1970) editado en castellano por Amorrortu seis años después, y Les analyseurs de l’eglise (1972) (Los analizadores de la iglesia) donde se trabajan tres intervenciones desarrolladas en “el medio cristiano”, como reza su subtítulo.

 

Existe en todo creador una suerte de pudor que lo inhibe mirar tras de sí los productos que deja. “No es bueno retroceder para contemplar la propia obra” escribe -palabras más, palabras menos- en alguna oportunidad Lourau y cita el caso de Gaudí, quien retrocediendo para contemplar su Sagrada Familia, baja de la vereda a la calle y muere atropellado por un ómnibus. De modo que si fuera posible indagar su preferencia respecto de los dos libros citados, tal vez no se obtuviera respuesta.  A cambio de ello, será siempre posible indagar el contexto de producción de cada texto, tarea que estaría en línea con su pensamiento, en el  sentido de restituir a la obra escrita su génesis social, la dimensión propia de lo cotidiano, el trabajo de lo contingente, todo aquello que resulta obliterado, desplazado, negado, invertido, por efecto de la institución editorial, científica, etc., que consagra escrituras como efectos de parteno-génesis, como logros asexuados, donde el producto oculta la producción y la visión de la arquivolta desvía la mirada del arquitrabe.

 

Los dos textos en cuestión constituyen obras muy distintas que sin embargo comparten una historia común. Las tres intervenciones en medios cristianos -dos con Georges Lapassade, la otra con Eugène Enríquez- se desarrollan entre 1967-68. Lourau las redacta al mismo tiempo en que prepara su tesis doctoral de Estado. Para integrarlas a ella, las precede de una larga introducción teórica al análisis institucional. Finalmente, el relato de las intervenciones queda relegado al lugar de un anexo de la tesis; luego son excluidos cuando ésta es publicada por Minuit bajo el título de El Análisis Institucional (dos años más tarde esos relatos se publican aparte en Anthropos).

 

Los lectores en castellano que conocen la corriente del análisis institucional (AI) a través del libro editado por Amorrortu, son víctimas de un efecto institucional –académico, editorial– que los sumerge a primeras aguas en un texto teórico, apretado, exigido, destinado ante todo a un jurado de la talla de Lefebvre, Touraine, Favez-Boutonier, Daumézon; al mismo tiempo, ese gesto institucional priva a tales lectores del relato de la práctica socioanalítica que antecede al constructo conceptual. En este sentido, la edición en castellano de Le clé des champs (Libertad de Movimientos) que realiza Eudeba dentro de la colección que dirige Gregorio Kaminsky, viene a poner las cosas en mejor lugar, porque abre una buena vía de entrada a la corriente del AI. Cabe agregar que en Francia, los relatos de Les analyseurs de l’églisevieron una nueva edición un cuarto de siglo después, en 1996, bajo el título Interventions socianalytiques, con lo cual la improbable pregunta al autor sobre sus preferencias, encuentra alguna respuesta.

 

Claves de la Sociología (1971, con versión española de 1977) escrito en coautoría con Lapassade –con quien Lourau comparte la paternidad del AI- es el tercer texto que debe ser mencionado dentro de este primer tramo signado por la preocupación por una teoría de la institución. Esta preocupación en un principio se centra en el problema de la autogestión, no tanto para enarbolarla como consigna, cuanto para echar luz sobre las razones que la impiden. De modo que la lucha de lo instituyente contra lo instituido, si quiere leerse como propuesta militante, no debiera dejar de entenderse como trabajo de elucidación de las formas sociales instituidas, en tanto fuerzas que obstaculizan el surgimiento de nuevas formas de gestión, instituyentes. Así, el análisis de las relaciones sociales encuentra en el concepto delanalizador la clave que permite hacer presente en el aquí y ahora de una intervención institucional o de una practica social, las dimensiones evanescentes pero concretas de la institución; tanto las que obstruyen la transformación, como las que contribuyen a su construcción. Pues si la institución implica lo instituido y lo instituyente, lo hace bajo formas y pliegues que eluden su percepción para el sentido común (instituido, plegado).

 

En este punto la curva se tuerce generando un nuevo arco signado por el trabajo sobre el concepto deimplicación. Quizás quepa decir con mayor precisión, que el intradós, la cara interior del arco, se vuelve extradós, pues el concepto ya estaba presente. La teoría de la implicación se despliega, entonces, desde Sociologue a plein temps (1976) (Sociólogo “full time”) donde se plantea que el profesional que trabaja lo social lo hace a tiempo completo, incluso en sueños, pues él no está por fuera de la materia que trabaja, hasta precisamente Le rêve (El sueño), que queda en carpeta al fallecer el autor. En la imposta de este arco está también Le gai savoir des sociologues (1977), cuyo título, “La gaya ciencia –o el alegre saber- de los sociólogos” remite al supuesto de poder hablar de lo social esquivando el contexto (social) de enunciación. Cuestión de implicación, la investigación sociológica ¿investiga a la sociedad o investiga a la sociología? Los problemas que esto plantea encuentran distintas vías, no de solución, sino de análisis, que es lo que cuenta para el tratamiento de la implicación.

Por un lado, una de las vías es el intento de dilución de la barra que separa la lógica nocturna de la diurna; en esta línea está L’Etat-inconscient (1978), donde el título con que se edita en castellano, El Estado y el inconsciente, pierde algo de la polisemia original, pues trata no sólo de la presencia del Estado en el inconsciente, del inconsciente instituido por el Estado en calidad de última legitimación de toda institución, sino también de la inconsciencia, la irracionalidad propia de la lógica estatal; Le lapsus des intellectuells (1981) (El lapsus de los intelectuales) y Actes manqués de la recherche (1994) (Actos fallidos de la investigación) siguen en esta misma línea, que a la vez muestra cómo la crítica –a veces el rechazo- de Lourau al psicoanálisis refiere, no a la validez de la teoría (“...el postulado de una continuidad onírica no es más delirante que el postulado de una continuidad del movimiento social...”), sino a los efectos de avasallamiento de lo social que su uso pregnante produce.

Por otro lado, la cuestión de la implicación se aborda mediante el recurso diarístico, donde el investigador de campo o de gabinete expone la cotidianeidad, la subjetividad de la vigilia y los sueños, la transversalidad de aquello que acontece en el transcurso de la obra de su obra. Este planteo ya presente en Sociologue á plein temps, adquiere en El Estado-inconsciente la forma de una “Carta a los Lectores sobre el Contexto Emocional en que Compuse este Libro” que abre su lectura con un racconto de hechos de violencia estatal; luego, el planteo es trabajado como materia explícita en Le journal de recherche(1988) traducido en México con el título de El diario de investigación. El recurso del diario adquiere su vértice en Implication, transduction (1997) donde el del propio autor ocupa más páginas que la parte conceptual específica; a la vez, hay en ésta última un nuevo giro orientado a la búsqueda de una lógica transductiva que permita el sobrepaso de la lógica ya inductiva, ya deductiva. Si éstas son propias de laepisteme instituida, presente en nuestra manera de pensar, se ve la dificultad que implica pensar lo otro, lo nuevo, con las categorías de lo mismo, de lo ya dado.

 

Dos grandes arcos, entonces, en la obra de Lourau; uno, trazado por la construcción de una nueva teoría de la institución, con sus momentos distintos centrados en la autogestión y en el analizador; otro, por el concepto implicación, desarrollado en torno a la cuestión diarística por una parte y a la lógicatransductiva, por la otra. Finalmente, un tercer arco, inacabado, referido al problema de la institucionalización, donde no dejan de incluirse los dos anteriores. Pues la preocupación por  la institucionalización –tercer momento de la dialéctica de la institución- comienza a tomar cuerpo en el  período signado por la cuestión de la implicación, más precisamente con Autodissolution des avant-gardes (1980) (Autodisolución de vanguardias) donde analiza los raros casos de movimientos instituyentes que resisten la institucionalización. Sigue con Le principe de subsidiarité contre l`Europe(1997) (El principio de subsidiariedad contra Europa), a propósito de las delegación ascendente de poder de los estados miembros hacia el mega-estado de la Unión; y se detiene luego con el aún inédito Le dispositiff de l`assambleé general du Jeu de Pomme  (El dispositivo de la asamblea general en el Jeu de Pomme).

 

Estos tres trayectos, no puede dejar de mencionarse, están atravesados por la constante del interés por la pedagogía. Desde su actividad como profesor en el nivel secundario, hasta su responsabilidad como director del Laboratorio de Análisis Institucional que funda en la Universidad de París 8, pasando por su participación en la cátedra de Henry Lefebvre en Nanterres y la dirección del Departamento de Sociología en la Universidad de Poitiers, la docencia es un trabajo genuino que no reconoce diferencias entre el aula, el café y el domicilio particular, donde atiende a sus alumnos aún los fines de semana. Es al mismo tiempo, la pedagogía, una preocupación teórica presente a lo largo de toda su obra, que comienza temprano conL`illusion pédagogique (1969) sigue con Analyse institutionelle et pédagogie (1971) y llega hasta Les pédagogies institutionelles (1994).

 

 

Cristián Varela, octubre 2000.

 

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15:15hs, 30 de Enero de 2012 (GMT)